El avance de la inteligencia artificial y la expansión de funciones en celulares y otros dispositivos han puesto en el centro de la industria tecnológica el uso de procesadores eficientes y el consumo de energía. El tema importa porque, mientras los equipos hacen más tareas, fabricantes, desarrolladores y operadores buscan aumentar el rendimiento sin que la electricidad necesaria crezca al mismo ritmo. La discusión también llega a los centros de datos, que sostienen buena parte de los servicios digitales y de IA.
De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los centros de datos consumieron cerca de 415 teravatios hora (TWh) de electricidad en 2024, lo que equivale al 1,5 % del consumo eléctrico mundial. El organismo proyecta que esa demanda podría subir hasta 945 TWh en 2030, una cifra comparable con el consumo anual de Japón. Si esa estimación se cumple, el gasto energético de estas instalaciones sería más del doble del registrado en 2024.
GSMA también ha mostrado que el crecimiento digital no siempre implica más emisiones en la misma proporción. Entre 2019 y 2023, el tráfico mundial de datos móviles se multiplicó por cuatro, mientras que las emisiones operacionales de la industria móvil bajaron 8 %. Esos datos apuntan a que el aumento de la actividad tecnológica puede ir acompañado de mejoras en eficiencia, aunque ese resultado depende de factores como la infraestructura, el diseño de los equipos y la gestión de los recursos.
Procesamiento repartido entre CPU, GPU y NPU
Una de las estrategias que impulsa la industria es distribuir las tareas entre distintos componentes del dispositivo para evitar gastos innecesarios de energía. En ese esquema intervienen la unidad central de procesamiento (CPU), la unidad de procesamiento gráfico (GPU) y las unidades especializadas en inteligencia artificial, conocidas como NPU.
Otra vía en desarrollo es ejecutar modelos de inteligencia artificial directamente en el dispositivo. Esa alternativa permite que ciertas tareas no dependan de servidores externos de manera constante, lo que puede reducir la necesidad de transmitir información y usar infraestructura remota.
Patricia Velásquez, directora adjunta para Colombia, Centroamérica y Caribe de MediaTek, dijo que la eficiencia energética se ha vuelto uno de los objetivos centrales del desarrollo de nuevas plataformas tecnológicas. “La innovación tecnológica también implica aprender a utilizar mejor los recursos disponibles. Hoy buscamos desarrollar plataformas que permitan ofrecer experiencias cada vez más avanzadas sin que esto signifique aumentar el consumo al mismo ritmo. Esa combinación entre rendimiento y eficiencia será fundamental para el futuro de los dispositivos inteligentes”, afirmó.
Las mejoras en el diseño de los procesadores buscan optimizar actividades cotidianas como la ejecución de aplicaciones, el procesamiento de imágenes, los videojuegos y el almacenamiento de información. En ese conjunto también entra la administración de memoria y la transferencia de datos, dos funciones que influyen en el funcionamiento general de los equipos.
Ejemplos de mejoras en rendimiento energético
Como muestra de esos avances, el procesador Dimensity 9600 Pro, fabricado con un proceso de 2 nanómetros, presenta mejoras de eficiencia frente a la generación anterior, según cifras del fabricante. La compañía reporta un aumento del 37 % en eficiencia energética de la CPU en operaciones de un solo núcleo y del 61 % en tareas de múltiples núcleos.
En la parte de inteligencia artificial, la mejora reportada es del 40 %, mientras que en videojuegos se habla de hasta 24 % más eficiencia en condiciones de rendimiento máximo. Esas cifras corresponden a comparaciones del fabricante y no equivalen necesariamente al ahorro que verá cada usuario, porque el consumo depende de las aplicaciones, la configuración del dispositivo y las condiciones de uso.
La eficiencia energética no depende solo del procesador. También intervienen los fabricantes de equipos, los operadores de telecomunicaciones y los desarrolladores de aplicaciones, mediante la optimización de productos, redes y servicios. En el uso cotidiano, el mantenimiento de los dispositivos y la prolongación de su vida útil aparecen como prácticas asociadas con un uso más responsable de los recursos tecnológicos.
Con información de El Tiempo.

