Ilustración de corales bajo el mar con un escudo protector

Cartagena incluirá los corales de Varadero como área prioritaria de protección

Cartagena avanzó en la protección de los corales de Varadero, el arrecife que vive en la bahía y que hoy es uno de los casos más estudiados del Caribe por su resistencia a condiciones extremas. La inclusión de este ecosistema en el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) 2026-2039 busca blindarlo frente a obras de dragado, desarrollos portuarios e impactos industriales en una zona clave para la ciudad y para la ciencia.

Los corales fueron descubiertos por la bióloga marina Valeria Pizarro en 2014, aunque pescadores artesanales de Bocachica ya conocían su existencia desde el siglo pasado. El arrecife está ubicado entre Isla Draga y los fuertes de Fernando y San José, en Bocachica, sobre el mayor canal de acceso al puerto y a Cartagena, y su coordenada exacta es 10° 18’ 1’’N, 75° 34’ 55’’W.

Un arrecife en medio de sedimentos y presión industrial

De acuerdo con la información conocida sobre este ecosistema, Varadero recibe a diario toneladas de sedimentos que entran a la bahía por el canal del Dique, además de descargas asociadas a la zona industrial de Mamonal y presión por el tránsito de buques mercantes y cruceros. Pese a ese entorno, el arrecife no solo ha sobrevivido sino que ha ganado relevancia internacional por la manera en que se adaptó a aguas turbias y a temperaturas que, en teoría, dificultarían su desarrollo.

Valeria Pizarro advirtió que una de las preocupaciones actuales es el comportamiento del arrecife frente al fenómeno de El Niño y al calentamiento del Caribe. Señaló que en Panamá ya se registró un episodio de blanqueamiento de corales sin precedentes recientes y que el aumento de temperatura en el Caribe se espera entre diciembre y febrero.

“Hoy, la preocupación más grande que tenemos es qué va a pasar con este super-Niño que ya está mostrando su fuerza con diluvios en partes no comunes, y ya sabemos que los arrecifes del Pacífico están experimentando episodios de blanqueamiento masivo”, dijo Pizarro. También afirmó que habrá que estudiar cómo impacta al arrecife de Varadero una vez avance el calentamiento en la región.

La ruta de protección en Cartagena

Bladimir Basabe, director de la Fundación Varadero, sostuvo que la protección no debe quedar solo en el papel. “La protección de Varadero no puede quedarse en una victoria escrita en el papel mientras persistan intereses que pretendan dragarlo o alterar su equilibrio ecológico”, señaló, al destacar la resiliencia del arrecife como un laboratorio natural de valor internacional para Cartagena y Colombia.

Según Basabe, el Distrito busca que el POT establezca salvaguardas y condiciones jurídicas para evitar que proyectos colindantes afecten la integridad del ecosistema. Además, indicó que la prioridad es avanzar hacia su protección formal como área marino-costera regional protegida por la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique, Cardique, con participación de las comunidades y reconocimiento de sus prácticas tradicionales.

La ruta también contempla una nueva área protegida regional marino-costera de cerca de 300 hectáreas, con un esquema de manejo que articularía arrecifes, manglares y pastos marinos. Basabe recordó que esta iniciativa se enmarca en la estrategia nacional “Alerta Por mi Ambiente”, impulsada por el Ministerio de Ambiente, con incidencia prevista en la seguridad alimentaria de unas 15.000 personas de comunidades pesqueras de Caño del Oro, Bocachica, la Parcialidad Zenú Kainzerupab, Pasacaballos, Ararca, Santa Ana y Barú.

Varadero alberga más de 60 especies de coral, sostiene 120 especies de peces y favorece el desarrollo de pastos marinos y bosques de manglar. Según el Distrito, su protección tendría beneficios indirectos para más de un millón de cartageneros por su aporte a la pesca artesanal, la protección costera y el conocimiento científico sobre el cambio climático.

El proceso de defensa del arrecife tomó fuerza cuando la Fundación Varadero asumió su protección técnica y legal, y en 2017 Mission Blue, liderada por la oceanógrafa Sylvia Earle, lo declaró Hope Spot. Ahora, con el POT 2026-2039 y la posibilidad de una figura regional de protección, Cartagena entra en una nueva etapa para definir el futuro de uno de los ecosistemas más singulares de su bahía.

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